La participación de las mujeres en la política peruana tiene un recorrido marcado por importantes cambios. En 1955 se reconoció su derecho al voto y, un año después, nueve mujeres ocuparon por primera vez escaños parlamentarios. En aquel momento, representaban apenas el 4 % del Congreso. Desde entonces, su presencia en el Parlamento fue aumentando progresivamente. En el Congreso unicameral que culminó funciones en julio de 2026, las mujeres representaban el 38% de sus integrantes.
Con el retorno de la bicameralidad y la instalación del nuevo Congreso elegido en las elecciones generales de 2026, la representación femenina presenta una nueva composición. Para el periodo parlamentario 2026-2031 fueron elegidas 70 mujeres, que representan el 37% del nuevo Parlamento. Sin embargo, su presencia es diferenciada entre ambas cámaras: según el JNE (2026), las mujeres conforman el 42% de la Cámara de Diputados y el 27% del Senado, lo cual nos invita a reflexionar sobre las condiciones que aún deben fortalecerse para garantizar una inclusión plena.
En ese sentido, la participación en los espacios de decisión no se limita al ámbito político nacional. La representación estudiantil universitaria permite que las y los estudiantes expresen sus demandas, compartan sus experiencias y contribuyan a las decisiones que involucran a su comunidad, por lo que la participación de las mujeres constituye una oportunidad para visibilizar sus voces y promover una comunidad universitaria que recoja la diversidad de experiencias de su estudiantado.
En el marco del Día de los Derechos Cívicos de la Mujer (7 de septiembre), conversamos con tres representantes estudiantiles de la PUCP, quienes compartieron sus perspectivas sobre la importancia de la presencia de las mujeres en espacios de representación, especialmente a puertas del proceso electoral 2026 en nuestra casa de estudios.
Rafaella Piscoya, estudiante de Ciencia Política y Gobierno y actual Representante Estudiantil ante la Asamblea Universitaria (REA), considera que la participación de las mujeres en las instancias de representación es un pilar fundamental de la cultura democrática y plural que buscamos cultivar como comunidad universitaria. Asimismo, señala que pese a los avances realizados, siguen existiendo dinámicas discriminatorias, impunidad, acoso y hostigamiento sexual, por lo que la respuesta institucional requiere un posicionamiento que brinde garantías operables de protección y eficiencia.
Afirma que, frente a la coyuntura electoral próxima en la PUCP, y viendo el contexto nacional que nos aqueja, las mujeres y diversidades son necesarias para construir una representación que proteja el derecho a la educación, que incomode al poder, y que eleve la armonía de voces diversas del estudiantado a los espacios institucionales.
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“En un momento donde los derechos de las mujeres y diversidades vienen siendo atacados de forma estructural, es crucial que se sigan promoviendo dinámicas de representación que se ejerzan desde la inclusión, la interseccionalidad y la horizontalidad.” - Rafaella Piscoya - REA 2026
Para Kiara Alvarado, estudiante de Ingeniería Industrial y vicepresidenta del Centro Federado de Estudios Generales Ciencias 2026, formar parte de estos espacios significa reafirmar que las capacidades, la disciplina y el compromiso no están determinados por el género, y que la presencia activa de las mujeres demuestra que están plenamente preparadas para asumir liderazgos de alto impacto y tomar decisiones clave. También explica que la barrera del prejuicio exige un cambio cultural en la comunidad universitaria, con una apertura real basada en el mérito, la aptitud y el trabajo demostrado.
A las nuevas generaciones de representantes estudiantiles les advierte que es un compromiso de alta exigencia, pero también es una de las experiencias de mayor aprendizaje personal y académico. No deben dudar de su preparación, ya que el liderazgo se fortalece en la acción, y cada espacio que ocupan las mujeres refuerza su propio potencial.
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“El principal desafío radica en los prejuicios inconscientes que aún persisten, donde se subestiman de antemano las habilidades de una mujer antes de permitirle demostrar su potencial en la práctica”. - Kiara Alvarado - Vicepresidenta del CF EE. GG. CC.
Desde su experiencia, Ariana Mendo, estudiante de Derecho y Tercio Estudiantil de Estudios Generales Letras 2026, comparte que ser representante significa romper con patrones históricos y estructurales de invisibilización, hacerse presente en los espacios de toma de decisiones, y demostrar que el liderazgo femenino aporta empatía, firmeza, coherencia y una visión integral e interseccional. Además, destaca que uno de los principales retos sigue siendo la carga invisible de la duda sobre sus capacidades. Aún existen espacios donde la voz de la mujer suele ser descalificada, interrumpida o minimizada, sin contar la exposición a situaciones de violencia de género o acoso dentro de la vida universitaria.
Invita a todas las que quieran entrar a espacios de representación a hacerlo y a no dudar de sus capacidades, ideas y derecho a hablar y liderar. También aconsejó tejer redes de apoyo con otras compañeras y aliadas, ya que la colectividad es la mayor fuerza frente a las adversidades.
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“Un mundo estructuralmente patriarcal como el actual necesita de nuestra voz. Ocupar un espacio de representación no solo transforma la universidad hoy, sino que abre el camino e inspira a las futuras estudiantes que vendrán después de nosotras”. - Ariana Mendo - Tercio Estudiantil EE. GG. LL.
La conmemoración del Día de los Derechos Cívicos de la Mujer permite reconocer el recorrido de las mujeres en la conquista de sus derechos y reflexionar sobre los desafíos que aún enfrentan. Desde la política nacional hasta la representación universitaria, sus experiencias muestran la importancia de seguir promoviendo espacios en los que puedan participar, expresar sus demandas e incidir en las decisiones que afectan a sus comunidades.
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