Artículo elaborado por Ángela Toro
En el Perú persisten importantes desafíos para garantizar el acceso y la permanencia en la educación superior, especialmente en el caso de las jóvenes de comunidades rurales e indígenas. De acuerdo con el INEI (2022), solo el 7% de las mujeres rurales o indígenas que tienen como lengua materna una lengua nativa ha alcanzado el nivel de educación superior.
En ese sentido, y en el marco del Día Nacional de la Mujer Indígena (18 de mayo), conversamos con la Dra. Deborah Delgado, socióloga, docente e investigadora de la PUCP, sobre estas desigualdades, el valor de la educación como una herramienta para fortalecer el liderazgo de las mujeres indígenas y la necesidad de impulsar políticas y programas que acompañen sus trayectorias educativas.
¿Qué desafíos enfrentan las mujeres indígenas para acceder y permanecer en la educación superior?
En el Perú, una parte importante de la oferta educativa se concentra en las ciudades, profundizando brechas para jóvenes de comunidades rurales e indígenas que muchas veces deben migrar para continuar sus estudios. Este proceso implica desafíos adicionales tanto para las estudiantes, como para sus familias y comunidades, que con frecuencia asumen importantes esfuerzos económicos para sostener no solo los estudios, sino también los costos vinculados a vivir fuera de sus lugares de origen.
A ello se suman otras barreras vinculadas al temor que pueden sentir algunas familias por la migración y la exposición a posibles riesgos fuera del entorno familiar, pero también barreras como las responsabilidades de cuidado, que suelen recaer en mayor medida sobre las mujeres.
Si bien atender estas barreras estructurales, económicas y culturales es fundamental para ampliar el acceso, la Dra. Delgado señala que uno de los mayores desafíos radica en la permanencia. De acuerdo con la SUNEDU (2023) las estudiantes cuya lengua materna es distinta al castellano presentan un 46,5% de probabilidades de interrupción de sus estudios, una cifra significativamente superior a la de otros grupos.
Aunque el aspecto económico suele ser determinante para sostener una trayectoria educativa, no es el único factor que influye. La discriminación, el embarazo, las barreras lingüísticas, el sentido de pertenencia o el sentirse cómodas participando en clase también pueden influir en la continuidad de los estudios.
¿Qué experiencias y buenas prácticas contribuyen a reducir estas brechas?
Existen experiencias e iniciativas, tanto a nivel nacional como regional, que han buscado contribuir a la reducción de brechas educativas para las comunidades indígenas. En el ámbito nacional, se encuentran programas de apoyo económico como Beca 18, que financia integralmente los estudios superiores y que, a través de la modalidad CNA-PA, otorga puntajes adicionales a jóvenes y adolescentes pertenecientes a comunidades nativas amazónicas, comunidades campesinas y pueblos afroperuanos.
Para la Dra. Delgado, este tipo de iniciativas son importantes porque contribuyen a reducir las brechas económicas y brindan condiciones para que las y los estudiantes puedan sostener sus trayectorias educativas.
Asimismo, señaló que existen otras iniciativas como las cuotas de ingreso en universidades públicas, aunque su implementación todavía presenta desafíos. En este punto, destacó el caso de la Universidad Nacional San Martín, que ha realizado esfuerzos por garantizar su cumplimiento.
Más allá del acceso, la docente enfatizó también la importancia del acompañamiento durante la trayectoria educativa. Contar con redes, espacios de orientación y personas a quienes acudir puede contribuir a sostener a las y los estudiantes frente a los desafíos propios de esta etapa. Sobre este aspecto, destacó experiencias como la Red de Estudiantes de Educación Superior de AIDESEP.
Delgado enfatizó además la necesidad de valorar los conocimientos y saberes que las y los estudiantes ya poseen. Históricamente la producción de conocimiento ha tendido a privilegiar una mirada occidental; sin embargo, reconocer las lenguas, saberes tradicionales y formas propias de aprendizaje no solo enriquece la educación superior, sino que también contribuye a crear espacios más inclusivos e interculturales.
¿Por qué reducir estas brechas implica apostar por liderazgos transformadores?
Para la doctora Delgado, la educación no solo abre oportunidades individuales, sino que fortalece liderazgos y transforma prioridades colectivas. Contar con mayores herramientas permite que más mujeres indígenas participen en espacios de toma de decisión e impulsen cambios desde sus propias comunidades.

“La educación es fundamental porque permite que las mujeres indígenas cuenten con más herramientas para ejercer su liderazgo, y cuando las mujeres son líderes, las prioridades cambian”. (Deborah Delgado)
Cuando las mujeres asumen roles de liderazgo, explica Delgado, suelen ganar protagonismo temas como la salud, la niñez, los cuidados o la prevención de la violencia, promoviendo transformaciones esenciales desde una mirada distinta.
Como ejemplo, destacó casos como el de Sônia Guajajara, Ministra de Pueblos Indígenas en Brasil y primera mujer indígena en ocupar el cargo de ministra en dicho país; Joenia Wapichana, primera presidenta de la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (FUNAI) y Tarcila Rivera, lideresa indígena de origen quechua y fundadora del Foro Internacional de las Mujeres Indígenas (FIMI).
Promover el acceso y la permanencia de las mujeres indígenas en la educación superior es apostar por sociedades más justas, liderazgos transformadores y cambios que beneficien a las comunidades y al país en su conjunto.
Referencias:
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